“Las condiciones de salud en las que estaba eran terribles. Y hoy, gracias al cannabis, estoy bien”

 Chófer de carga y descarga hace 37 años, a Víctor Toledo su trabajo le ocasionó una hernia enguinal que le fue detectada en 2007. Estuvo seis años esperando un llamado del Hospital Barros Luco para ser operado y no obtuvo respuesta. Llegó a estar hospitalizado durante diez días sin ser operado por el sistema público de Salud chileno, por lo que decidió optar por el Programa de Pago Asociado al Diagnóstico (PAD), que le permitió entrar a quirófano, pagando una parte de la operación.
En 2014 debió realizarse una nueva intervención quirúrgica a raíz de una hernia lumbar. Y una tercera operación en 2016 incluyó la inserción de cuatro tornillos y dos placas en su espalda, incrementó la intensidad de sus dolores post operatorios.
Debido a esto Víctor comenzó a ingerir hasta seis pastillas de tramadol al día. “Los dolores eran insoportables, no me dejaban dormir ni menos hacer una vida normal”, relata Víctor. “Y los medicamentos que me recetaban me dejaban somnoliento durante todo el día. El tramadol me estaba haciendo mucho daño y era lo único que me recomendaba el médico, con distintos nombres, pero tramadol al fin y al cabo”.


El tramadol es un potente medicamento opiáceo con un mecanismo de acción muy similar a la morfina, puede presentar efectos secundarios como anomalías cardiacas, nausea, vómitos, mareos, deficiencias respiratorias y en el Sistema Nervioso Central.
Hace cuatro años Víctor conoció de manera casual los efectos terapéuticos del cannabis, cuando su hijo mayor le dio de probar un cigarro de cannabis de manera recreacional, el cual logró calmarle los dolores.
Esta experiencia, sumado a los efectos secundarios del tramadol, hicieron que Víctor decidiera utilizar uno de los aceites de cannabis artesanal que se venden en el mercado negro chileno –ya que no poseen el registro como medicamento ante el Instituto de Salud Pública-, pero no logró resultados positivos pues “resultaron ser falsos, era sólo aceite de oliva comercializado como si fuera de cannabis”, relata.
Mamá West, tras ver por internet testimonios de personas que han usado exitosamente cannabis medicinal para el manejo del dolor, y decidió asistir al taller de preparados medicinales en base a cannabis impartido por Andrea Acevedo, presidenta de Mamá West.
A los dos meses de haber iniciado la terapia con aceite de cannabis, Víctor dejó el tramadol y todos los otros fármacos de origen opiáceo que consumía para el dolor, tratándose exclusivamente con extracto de cannabis.
Actualmente se administra cinco gotas de aceite en la mañana y cinco en la noche. Si bien cuando hace más fuerza de lo normal los dolores reaparecen, éstos no tienen la misma intensidad de antes.
Los cambios tras el consumo de cannabis medicinal han sido excelentes según lo describe Víctor. “Ando bien, con ánimo, ya no duermo en el día, antes pasaba con mucho sueño y andaba irritable, ahora ando alegre y veo la vida más positiva”, relata
Víctor le comentó a su médico tratante el inicio de esta terapia, pero el profesional no le tomó ninguna importancia. Incluso, relata, la atención fue “tan inhumana que al mes de ser operado, me levantaron la licencia sabiendo que en mi trabajo lo que más realizo es fuerza y que mis dolencias no habían cesado”.
Antes de conocer las propiedades medicinales del cannabis, Víctor tenía una visión negativa hacia la planta. Hoy cultiva su medicina en familia, indicando que “mi esposa también era reacia a este tratamiento y hoy consume aceite de cannabis para sus jaquecas, dejando de lado el cefalmin. Es muy bonito ver crecer a las plantas y cuidarlas, más aún cuando es en familia”.
El mensaje de Víctor hacia quienes aún criminalizan el consumo de cannabis es que “hay que conocer la planta y vivir la experiencia. Las condiciones de salud en las que yo estaba eran terribles; no dormía producto del dolor. Y hoy, gracias a esta planta, veo la vida de otra forma. Si uno tiene dolor los médicos te suministran pastillas como solución y si tienes más dolor te dan más pastillas. Hay médicos que no tienen ética, nos toman como un número, a diferencia de Fundación Daya en donde te tratan como persona”, resume.

Autor entrada: Redaction

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