La época dorada del cáñamo en EE.UU

Aunque el cannabis siga estigmatizado en el mundo entero, la historia nos desvela que su persecución no se debe a los efectos negativos que pueda tener sobre nuestra salud. Esta obsesión con la planta responde más bien a una gran conspiración. El mismo país que la trató con libertad siglos atrás, hizo todo lo posible para que finalmente se prohibiera por motivos interesados. Pero antes de las épocas más turbias, hasta el mismísimo George Washington, primer presidente de los EE.UU, cultivaba cáñamo.

¿Sabías que las velas de los barcos de Cristóbal Colón estaban hechas de cáñamo? ¿Y que la Declaración de la Independencia y la primera  bandera de los EE.UU fueron impresas también en este material? Los padres fundadores de la Constitución de los Estados Unidos fueron John Adams, Benjamin Franklin, Alexander Hamilton, John Day, Thomas Jefferson, James Madison y George Washington. Muchos de ellos, figuras importantes de la historia de este país, tuvieron en su época su propia plantación de cannabis.

El primer presidente de los EE.UU, George Washington, tenía plantaciones de cannabis. Se han encontrado documentos de su puño y letra con información muy interesante. Diarios donde decía que separaba la hembra de las plantas macho. Lo que nos hace intuir que usaba el cáñamo como material y los cogollos para consumo recreativo-medicinal. Parece que, después de perder sus dientes naturales, mandó a hacer una dentadura de marfil, oro y latón, que le causaba gran dolor. Y las flores de la planta podrían haberle aliviado.

 

El político, científico e inventor estadounidense, Benjamin Franklin tenía un molino que procesaba papel de cáñamo, convirtiéndose en una de las primeras papeleras de América del Norte. De hecho, parece que durante esa época, siglos XVII y XVIII, era ilegal negarse a plantar cáñamo y en Virginia era motivo de encarcelamiento. Fue el cultivo más lucrativo hasta el siglo XX. Incluso los libros escolares eran fabricados de este material y de lino.

El cáñamo era fundamental para la industria marina y parece que durante siglos el 90% del velamen y cuerdas para embarcaciones estaban fabricados con este material. Por no hablar de objetos más cotidianos como cortinas, tejidos o ropas de cama. También hemos leído que era un componente imprescindible para el verdugo, que lo usaba para fabricar las cuerdas con las que mataba a sus víctimas, pero esta historia no nos resulta tan atractiva.

Este material fue tan beneficioso para EE.UU, que creaba una cantidad muy alta de nuevos puestos de trabajo. A finales de los años 30 Dupont encontró en el cáñamo una amenaza para sus lucrativas patentes de fabricación de plásticos de petróleo y carbón. Ninguno de los multimillonarios de la época podía competir con un recurso natural renovable del que era posible elaborar tanta variedad de productos de inmejorable calidad.

Así que la vía más rápida fue prohibirlo a toda costa. ¿Cómo? Comenzando una campaña de desprestigio del cáñamo en todo el continente americano al relacionarlo con la palabra mexicana marihuana, que tenía connotaciones negativas al estar asociada a “borracho” y “alterado en mente, cuerpo y/o percepción”. El padre de la prensa amarillista, William Randolph Hearst, apoyó estas teorías y empezó a publicar en sus medios historias de grandes titulares en las que se contaba que la marihuana era causante de accidentes de tráfico y otros horrores.

Finalmente, el Congreso prohibió el cáñamo en 1937, alegando que era la sustancia existente que causaba más violencia de todas las conocidas. Y, a partir de ahí, comenzaron a propagarse todo tipo de teorías que demonizaban a la planta. Desde entonces no han faltado defensores de la planta que sostienen que su cultivo sería la solución a todos los grandes males que asolan nuestro siglo. ¿Volveremos a contar con el cáñamo como material renovable? Esperamos que así sea.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Autor entrada: Laura Rueda

Laura Rueda
Desde que tengo uso de razón anoto relatos y crónicas cotidianas en libretas. Tal vez por eso estudié periodismo, porque creo que hay historias que pueden marcar la diferencia y son esas las que me gusta contar. Me interesan la cultura, el arte, el feminismo, el activismo social. Desde hace varios años escribo sobre libertades, centrándome en el movimiento cannábico, entre otras cosas. Otra comunicación es posible y necesaria para el cambio. Me gustaría aportar mi voz a esta necesaria causa.

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